
Musicauciados ya es una realidad. Esta semana han comenzado los primeros conciertos en los que para pagar tu entrada tienes que aportar la cantidad mínima de un kilo de comida.
La bella iniciativa que surgió de la cabeza y el corazón de Davile Matellan, hoy nos llevaba hasta La Berenjena, un céntrico Bar madrileño que improvisaba un rincón donde los chicos de Veintiuno se han ganado a pulso cada uno de los kilos de comida que hemos usado como entradas.
Con los primeros acordes de Malabares, el silencio se adueñaba de los presentes. Sin duda el ambiente íntimo de un acústico nos hacía ver a Veintiuno de forma diferente, y teniendo en cuenta que sin nuestro silencio los que estaban situados más al fondo no podrían disfrutar de la voz de Diego, no nos atrevíamos ni a respirar.
Ante tal alarde de respeto, nos animaban a cantar las canciones, entre risas, y con la anécdota de que Davile se queja en los conciertos en los que la gente no para de hablar. Sin duda nos emocionábamos y cantábamos alto la letra de Pulmones. Vello de punta y lágrimas en los ojos, pues Veintuno logran en directo hacernos sentir dioses.
Avanzaba la noche entre acordes, guitarras, pianos y Yago a las percusiones apoyando a Dani. Los Kilos de comida seguían llegando y superaban ya lo recaudado la noche previa. Empezábamos a sentir la fuerza de El Quinto Veintiuno, pues los seguidores del grupo querían dejarse el alma en el acústico.
Había hueco para versiones, entre las que estaba el particular homenaje de Diego y Dani a Michael Jackson. Pero el eco de los temas propios era más que suficiente para que el feedback se apoderara de todos.
Así Veintiuno cerraba su paso por Musicauciados, metiendo en bolsas más de 80kg de comida no perecedera, y con todos los que habían ido a verles recitando la oración del ruido.
Gracias Veintiuno. Gracias Davile Matellan. Hoy el mundo es un lugar mejor por iniciativas como esta, y los que habían perdido la esperanza cambian un hueco bajo el pecho por un instante de gracia.