
Puede parecer utópico decir que un festival comenzaba bajo un manto de estrellas. Pero así era.
En la falda de la Sierra de Gredos, con una brisa que nos revolvía el pelo. Suave y delicado aroma a bosque, sin ruidos, con poco tráfico, lejano y diferente de nuestras urbanitas costumbres. Tal vez por eso agradeciésemos aún más haber elegido este festival que nos llevaba al patio del Instituto de Candeleda. Festival que algunos consideran pequeño, pero que cada año nos ofrece un gran cartel lleno de los mejores grupos.
El viernes los chicos de Modelo de Respuesta Polar, nos introducían en lo que el festival nos iba a ofrecer, cantándonos despacio sus temas, con la voz de emoción ante sus próximos planes; entrar de nuevo en el estudio a grabar.
Como si de un cuento se tratase llegaba Xoel López, a cantarnos las fábulas que ha transformado en canciones con aire Atlántico.
Respaldado por una bandera multicolor que llevaba su nombre, nos dejaba claro que su espectáculo ya no necesita alter ego. Así estaba pasando ese reencuentro con él después de aquella noche en la madrileña Riviera, cuando nos dijo hasta luego para volver a su adorada América Latina. Tenía tiempo para un antes y un después, e incluso algún “que no” infiltrado en su nuevo repertorio.
Volver a la música de Xoel es sinónimo de maracas, melódica y Ukelele. Es sinónimo de guitarras eléctricas que transforman sonidos de canciones con un toque de cumbia en un escalofrío que recorre nuestro instinto más rockero.
Con un duelo de camisas Hawaianas, Angel Carmona, salía al escenario a contarnos que Sidonie necesitaban un fuerte aplauso para salir de su estudio, donde graban su nuevo álbum. Acompañados los tres componentes por David T Ginzo, quien está grabando este nuevo disco con los catalanes no nos daban tregua. Risas, acrobacias, entre música y hasta una “demostración de amor”, hacían los deleites de los asistentes. Volar desde una playa en San Juan, poniéndonos un sombrero hasta cualquier parte del mundo de Sidonie era tan perfecto que no podía más que mecernos al unísono. Todo el patio era un mar a sus pies.
La sensación de estar liberados de la rutina, en el lugar del recreo de un instituto, hacía que nos sintiésemos ligeros.
Juventud, rock, electrónica y contundencia remataban la noche de mano de Grises. Ponían en escena en las horas más altas sus temas, haciéndonos bailar.
Y si la noche en Candeleda tomaba forma en el patio de un instituto, el día se volvía acuático en sus piscinas naturales. Con la mirada perdida al infinito, sobre pasando las copas de los árboles, el cielo que durante la noche era un manto de estrellas en el que buscar constelaciones, nos llenaba de un azul intenso donde el sol tostaba nuestra piel.
Cervezas, amigos, encuentros, la sensación de que el festival era nuestro propio anuncio de un verano de ensueño.
Volvíamos al patio del instituto por segunda noche. Izal dejaban a un lado las palabras para cantarnos sus temas más conocidos e incluso alguno nuevo que estará en el próximo disco. No hay duda de que son uno de los grupos de moda en el panorama nacional. Recorren sin descanso todos los festivales, no hay cartel que no les incluya para garantizar el éxito, la legión de fans que han ido acuñando no tiene reparos en atravesar toda España.
Los murcianos Second, con uniforme a juego con su nuevo disco, calentaban aún más el ambiente. La voz profunda de Sean Frutos atravesaba el patio, y recorrías las sinuosas calles del pueblo Candeleda. Serpientes que siguen manteniendo las melodías que han llevado a Second al lugar donde se encuentran, se colaban desde el escenario entre nosotros.
Tocaba el turno a la veteranía, Corizonas y su música; una mezcla entre surfear olas, cruzar la frontera, y dejar en ridículo a cualquier predicador. Su líder, Javier Vielba, incasable, bajaba al foso que les separaba del público para acompañar su música con danzas tribales, y darnos un punto de unión entre nosotros y ellos. Impresionados, tanto por su música como por sus habilidades conduciendo coches de choque, nos declarábamos fans incondicionales de este grupo en el que la barba o el pelo largo son una seña de identidad.
El plato fuerte de la noche eran los catalanes Dorian, que tras años de carrera no necesitan presentación. Parapetados entre luces y paneles nos llenaban de electricidad. Su sonido era sin duda la estrella que más brillaba del festival a pesar del habitual negro de sus ropas.
Los kilómetros que han ido haciendo a La Velocidad del Vacío, son un regalo para los que amamos su música. No hay Tristeza si está cantada por Marc.
Nos sumergíamos en La Ciudad Subterránea, para salir rescatados de la mano del líder de la banda, que se situaba sobre el filo de la valla que nos separaba, para demostrarnos todo lo que siente por nosotros.
Lástima que la oscuridad total nos privaba de la guinda del Show. A oscuras, se despedían de nosotros pidiéndonos disculpas, pues el apagón nada tenía que ver con ellos. De nada servían los ecos pidiendo nuestro último tema en el momento más álgido del festival, pues la luz no regresaba.
La música no cesaba para los que querían esperar al sol de un nuevo día.
No hay palabras para contar como ha sido esta edición del Ecopop solo un sinfín de sensaciones grabadas sobre nuestra piel.
Autor: Shara Sánchez