
Nos sorprendió Julio de la Rosa el día en que escuchamos su último disco, el título era un avance de algo inquietante y la portada lo confirmaba: Pequeños trastornos sin importancia. El pasado 22 de Febrero tocaba darle una nueva perspectiva a lo que habíamos escuchado en un reproductor. Asistíamos al 8º aniversario de Vinilo Valencia en la Wah Wah Club, y caímos definitivamente en las redes del jerezano.
Con su planta, su voz y presencia llenaría cualquier sala por grande que fuese. Julio puede presumir de viajar bien acompañado ya sea por una banda de músicos ante la cual me quito el sombrero o por un séquito de fans que cantan a pulmón cada letra de sus canciones.
El pequeñito escenario de la sala estaba repleto de instrumentos habituales y de cachivaches extraños que adornaban con magia sus canciones.
De negro riguroso subieron al escenario Nieves Lázaro, Jorge Fuertes, Dani Llamas, Cecilio Santiago, Jaime Olmedo y con “El Traje” y su desgarradora voz, Julio de la Rosa desató una gran noche.
Su directo engancha y atrapa. Su música es hipnótica y desprende gran energía, el eléctrico guitarreo convive a la perfección con la fuerza de la percusión y objetos cotidianos se vuelven imprescindibles en canciones como “Gigante”, es el caso de un cinturón golpeado contra el suelo en el momento justo, cinturón que puede aparentar dañino y contrasta con la dulzura de la voz y apariencia de Nieves.
Julio se desprende de sus zapatos, seguramente sea una forma de agarrarse a la tierra para poder sentir de pleno la intensidad que se crea en sus conciertos. Se mezclan canciones de su anterior trabajo con canciones sacadas recientemente de la chistera. Sí, de la chistera, porque no hay que olvidar su elegancia.
Las brutales letras de sus últimas composiciones nos hablan de trastornos que seguramente más de uno hemos vivido fruto del amor, del desamor o tal vez de la locura de ambos. Nos hacen pensar en la parte más cruda de ese temido y a la vez anhelado sentimiento.
Estoy segura de que aquella noche en una sala llena hasta la bandera nos juntamos alrededor del escenario y cantamos codo con codo el que cumple las normas, el cabrón que las hace, el guardián de la honra, el furtivo y el gángster, el que pide permiso, el de veras lo siento, el nostálgico mustio, el de vida sediento, la loca que baila, el del codo en la barra, la dama de hielo, el de frágil coraza, la bestia implacable, el misericordioso, el sumiso paciente, y el rebelde nervioso, esa niña tan mona, la vieja entrañable, la zorra sin fondo, el buen padre y esposo, el amante prudente, el incauto amistoso, el payaso en las fiestas, el odiado de todos, el del quiero y no puedo, el que puedo y destrozo, el gallito valiente, y el que tiembla lloroso, el oscuro inestable, el don Juan de la foto, el que mueve los hilos, el don nadie y el loco, el pesado de la anoche, el listillo avispado, el pedante ignorante, la metomentodo, el aquí marginado, el que se que me falta, la tonta del bote y el cretino que canta…. TODOS.
Y como no, sobre el escenario “el gigante”.
Un buen amigo me dijo que Julio era un genio y he ido directa a la definición: “Un genio es alguien especial y fuera de lo común, con un talento o una habilidad que no puede ser imitada.” Y tenía toda la razón, él es un genio y el concierto del pasado sábado una genialidad.
Autor: Mar Martín.
Fotos: Rafael Panadero.