
Una propuesta irresistible se desplegaba ante nosotros con la confirmación de los grupos que formaban el cartel del I Like Festival. Por si eso fuera poco, veíamos añadidos que nos arrastraban irremediablemente hacia esta ya de por sí, atractiva propuesta, puesto que Pasajero pronto se encierran a grabar su segundo trabajo, los chicos de Tuya están terminando de rematar su nuevo disco y Vetusta Morla acaba de arrancar el imparable viaje de La Deriva.
Sumando todos esos lo factores, y teniendo en cuenta que las locuras musicales cuentan menos a la hora de que decidan encerrarte en un psiquiátrico, tomábamos rumbo a La Deriva. En Córdoba nos recibían entre salmorejo, flamenquines, caracoles, y una organización de festival impecable. El recinto en cuestión donde se celebraba el evento no podía estar mejor elegido. A la orilla del rio, un enorme escenario aguardaba paciente a que decidiéramos ir llegando. Con una puntualidad que se repitió durante todo el evento, David y los suyos salían a escena.
Tuya siguen destacando por su particular forma de hacer las cosas. El trabajo y las dotes musicales de sus tres componentes han hecho que lleguen donde están. Cada vez sus canciones se escuchan con más fuerza, y consiguen captar la atención de aquellos que aguardan para ver a otros grupos. Desde que les conozco, en la cantidad de veces que he sido afortunada espectadora de un concierto suyo, siempre les he visto superar los obstáculos como ningún otro grupo lo haría. En esta ocasión, aun tocando con instrumentos prestados por culpa de que una compañía aérea había perdido los suyos, ofrecieron cuarenta y cinco minutos de música sin fisuras y actitud desenfadada. Saltando de los temas que componen Waterspot a su primer Ep, dejaban claro que si hay algo que te hace único es saber disfrutar con aquello que haces. Sin duda ellos lo hacen, y por eso siempre es un placer escucharles.
Pasajero tomaban el relevo correspondiente, y mientras el sol se escondía por completo, abrían su tiempo sobre el escenario con una de sus canciones más suaves. Nosotros sabíamos que la potencia de Radiografías se desplegaría de un momento a otro, y así ocurrió. Metiéndose a los asistentes en el bolsillo en la segunda canción de su repertorio, transformaban la pista en un hervidero de saltos y gritos que acompañaban sus canciones. Tenían el tiempo calculado de sobra y actuaban sin titubeos, incluso recibían contestación favorable a su invitación para tocar junto a ellos en Autoconversación. El ruido inundaba la noche Cordobesa. Y es por eso que Pasajero siempre nos han demostrado que “es mejor vencer en secreto” no es una frase más.
Guadalupe Plata jugaban con la ventaja de que su localidad de origen está a menos de dos horas de viaje. Con la experiencia que suman sus componentes, llenaban de rojos matices un ya abarrotado recinto, que reservaba los restos de su voz pero acompañaba con bailes las más famosas canciones de este trio. Convirtiendo en música todo aquello que tocan, y con un rock que parece más bien procedente de Lousiana que de Úbeda, arrancaban los sonidos más profundos a barreños, bajos, guitarra y batería.
Vetusta Morla son totalmente conscientes de que la esperanza está en la Deriva. Su manera de hablar de los problemas cotidianos, de enfrentarse a lo que nos asusta y nos paraliza dándole la importancia necesaria en cada una de sus canciones, ha convertido al grupo en uno de los más destacados del panorama nacional. No es fácil que de las dos horas de concierto, más de cuarenta y cinco minutos el público se estremezca entre suspiros y asombro. La formación, cerrada y custodiada por focos que alumbran directamente a sus cabezas, demostraba que cada detalle de este hermoso viaje ha sido pensado y estudiado al máximo. Nada queda al azar en esta puesta en escena.
Mientras los atléticos protagonistas de la portada del disco, corrían sobre la cabeza de los integrantes de la banda, la delicada contundencia de Vetusta Morla se adueñaba de Córdoba, de su noche, y de cada uno de los presentes. En una mágica espiral de música perfectamente planificada y desarrollada, la soltura con la que llegaban las canciones parecía hilada con las propias letras. El perfeccionismo es sin duda una de las mejores cualidades que tienen como grupo.
La catarsis colectiva venía impuesta por los temas de sus primeros trabajos, en los que la voz del público superaba la melodía que surgía del escenario. Algunas de las canciones de Vetusta Morla son sin duda la banda sonora de una generación, han conseguido más allá de ideología y religión, unir a un país bajo sus lemas escondidos.
Para terminar de darle a esta gira el escalón del podio que se ha ganado con creces, diremos que la genialidad de terminar un concierto con aquello que empezaba el tour anterior, no hace más que confirmar que esta nueva etapa del grupo madrileño rodará hacia el éxito entre luces, sombras y regalos por abrir.
Gracias I Like Festival, porque realmente We like your festival.
Autor; Shara Sánchez.