
Hace unos días, una afamada revista de moda, publicaba un reportaje titulado Ellas marcan el ritmo. En él visibilizaban a diversas mujeres, todas ellas músico de profesión, acompañando cada foto con un pequeño pero emotivo texto escrito a medida para cada una de ellas. Una de esas mujeres era Amparo Llanos (New Day, Dover). En la foto, lucía serena, sentada en una silla, divina y cercana a la par, taladrando a los lectores con una mirada profunda, curtida por sus años de experiencia.
El texto colocado bajo la foto era obra de su hermana Cristina Llanos (Dover). Si la mirada de Amparo nos parecía cargada de profundidad, nos bastó leer un par de frases para que se nos llenasen los ojos de lágrimas. La reflexión nos hablaba de como las Llanos irrumpieron en la escena patria dominando un estilo que hasta el momento había sido bastión reservado exclusivamente a los hombres. Nos descubrieron que las mujeres también sudamos, que rasgar guitarras no era algo exclusivo de un sexo y sobre todo, nos cargaron de esperanza. Sinceramente, no sé si a sabiendas o no, “las Llanos” bajo el nombre de Dover fueron un huracán necesario y valiente que arrasó este país, aniquilo las fronteras y llenó de música a una generación (la mía) que soñaba con algún día llegar a estar en lo alto su camino laboral, fuese cual fuese.
Pero esto que ahora vemos con perspectiva como algo de lo que sentirse orgulloso, también estuvo marcado de insultos y menosprecios. En la época de la que hablábamos en el párrafo anterior, ambas estaban bajo un microscopio y todo el mundo se atrevía a decir lo que pensaba sin importar consecuencias. La osadía de hacer música, de hacerlo de una manera tan impecable, colocó un eterno subtitulo de opiniones personales cada vez que alguien hablaba de ellas. Estas opiniones se entenderían si hubiesen sido de la música, puesto que para gustos los colores, pero claro, iba mucho más allá. Demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado desaliñada, demasiado arreglada… nunca nadie respondió a esos comentarios con un “demasiado machista incluso para abrir la boca, independientemente de que seas hombre o mujer”. Sí, amigas, en aquellos años, no salíamos a la calle, no nos manifestábamos ni chillábamos cuando se nos intentaba pisar. Vivíamos bajo el yugo de una educación patriarcal que solo algunas se atrevieron a desafiar. Gracias a ellas y a otras con su valentía y su coraje que abrieron camino seguimos en una lucha que ni mucho menos ha terminado.A día de hoy nuestros escenarios tienen la suerte de contar con Belako, Mourn o Yawners entre otras. Lo que nos parece fortuna, en realidad sigue siendo una ardua tarea en la que seguimos reivindicando desde nuestras respectivas profesiones. Contrariamente a lo que pensábamos, tendremos que seguir luchando por nuestros derechos, marcando y remarcando el camino que muchas mujeres bravas iniciaron por nosotras.
Por ellas, por todas las que como las Llanos nos llenaron de esperanza y lo seguirán haciendo, van estas palabras. A vosotras, mujeres valientes que rompisteis las normas, os debemos algo tan intangible como la esperanza.
Autora; Shara Sánchez