
En octubre de 2020 Luis Albert Segura y su familia, dejaron atrás su casa en el centro de Palma para grabar el disco que significaría el regreso de L.A. Durante todo el proceso de grabación, las redes sociales hicieron de amplificador para estar más cerca que nunca de sus fans y permitieron que, por primera vez, Luis dejase entrar en su composición ideas y sentimientos que se aportaban desde fuera del proyecto.
Compartiendo fuego en la cocina, con el disco, estaban las recetas veganas de su mujer Patricia y de fondo sonaban las voces de sus hijos jugando. Con todos esos ingredientes Evergreen Oak ha llegado a nosotros, puro, verde… directo desde la Tramuntana.
El pasado jueves nos sentamos en una céntrica terraza de Madrid a charlar con Luis sobre este precioso disco que acaba de ver la luz.
LBM- La última vez que hablamos contigo fue allá por el 2017, antes de que L.A. se tomase un descanso y nuestra conversación giró en torno a KoB. Ya en ella hablábamos de tu familia, del minimalismo, de dejar de adornar la vida con efectos materiales y empezar a valorar lo importante…
¿Fue el último día de KoB el desencadenante de que este Evergreen Oak haya llegado con ese minimalismo del que has hecho gala durante todo el proceso?
Luis- Es curioso, porque pienso en mi yo de 2017 y no me reconozco. Ha pasado tanto y hemos cambiado tanto… Del 2017, que parece tan lejano, a ahora han pasado muchas cosas: he tenido otro hijo, me he mudado de casa, he llevado el minimalismo a un extremo absoluto y todo esto sin mencionar la pandemia o mi disco en solitario. Creo que desde todo desde ese día en el que ya hablábamos de eso sí se dio un desencadenante para que ahora esté sentado aquí charlando contigo sobre este nuevo trabajo, pero no sé decirte los motivos clave. Para mí es una sucesión en cadena de cosas que me han hecho ver las cosas de forma muy diferente a cuando estaba inmerso en ese disco, que casi acabó conmigo. Es probable que ya tuviese a alguien ahí gritando dentro de mí, pidiendo salir y no lo vi hasta hace medio año.
LBM- ¿El descanso que le diste al proyecto era necesario para hacer un punto y seguido o un punto y aparte?
Luis- Me quedo con el punto y aparte. Lo necesitaba. Ahora, ese punto y aparte me hace tomarme las cosas de una forma mucho más sosegada y es donde veo que funcionó. Lo veo clarísimo.
LBM- Y en cuanto al escenario, ¿ves al antiguo L.A. o ves a un nuevo L.A. que ha dejado atrás el equipaje, por decirlo de algún modo?
Luis– Pues mi sensación es que veo algo muy diferente. Pero es curioso, porque no solo yo… La banda ahora mismo la formamos Pep y Ángel, que continúan conmigo y dos miembros nuevos, Pedro y Sergio. La sensación que tenemos Pep, Ángel, y yo es de estar en esto por primera vez, incluidos los nervios de tocar el sábado en Madrid, en La Riviera.
Es como si nos hubiéramos desprendido de la chapa que nos recubría. Siento que nos hemos quitado el encorsetamiento al que nos veíamos sometidos antes, en un proyecto donde llegamos a ser 30 personas trabajando y opinando. Está claro que esas opiniones te hacen tomar un camino u otro.
Teníamos que estar pendientes de venta de discos, de tickets, de likes, followers, reproducciones… eso es una mierda. Hace 25 años cuando empecé a tocar no podía decir esto. Pero ahora sí y siento que todo eso podría haberse cargado lo que estoy haciendo ahora. Me encanta hacer música, tengo una mujer y una familia maravillosa, una banda de amigos con la que me gusta disfrutar subiéndome a un escenario y ha estado a punto de irse al traste por todo eso.
LBM- Para nosotros, que llevamos mucho tiempo caminando al lado L.A., cuando decidisteis parar se nos cayó un poco el mundo. Siendo honestos, te diré que lloramos.
Luis– Cuando paré lo hice con la ilusión de que al mes salía mi primer disco en solitario, pero no me dio tiempo a pensar en lo retorcido que estaba por dentro. No me dio tiempo a exteriorizar eso y llorar. Es una sensación muy rara que hacer música, que es lo que más me gusta en la vida y a lo que quiero dedicarme, me estaba comiendo por dentro como una termita.
LBM- Sí, a parte del cambio que se ve en ese disco con respecto a L.A
Luis– Cuando hablo de Amenaza Tormenta siempre expongo que vivía en una necesidad constante de no parar. Si hubiera parado y lo hubiera hecho un año después habría tomado las decisiones mejor. La pandemia me dio perspectiva y al ver las cosas desde arriba me replantee muchas cosas. Viniendo hacia aquí he visto que en una entrevista destacaban que dije que estuve a punto de buscarme un trabajo repartiendo pan y cuando estaba ahí, debatiéndome, es porque pensaba que nunca más me iba a subir a un escenario. Creía que tendría que colgar el traje de Mr. Increíble y yo ponerme a salvar la papeleta.
LBM– Dentro de este nuevo disco hay una canción que reza por título La Casa Divina y que es enteramente instrumental, ¿está dedicada a esa preciosa casa donde te alojaste junto con tu familia para crear este disco?
Luis– Es curioso, porque estar en esa casa en la montaña, me dio la claridad para ahora tener todo ordenado y poder contestar a las preguntas detallando las cosas. A veces, cuando hacía un disco, iba todo tan frenético que no podía responder a esas cosas porque no lo recordaba con exactitud. Cuando hice esa canción estaba tumbado en el suelo de madera sin tratar, entraba el sol por la cristalera y estaba pensando en cómo sería si esa casa estuviera en Laurel Canyon, que es un sitio en Los Ángeles que me encanta. Me imaginaba que olería a sándalo, que habría colgantes de cristales que reflejan la luz y campanas de viento emitiendo sonidos. Mientras lo pensaba, me venía a la cabeza la música que estoy escuchando últimamente, hay una banda que se llama Mapache, que me gusta mucho y en general bandas que hacen música similar a ellos, que mezclan el inglés con el español, como muy latino y con todo este aluvión de pensamientos me puse a componer. Una mezcla de la casa en Orient pero con los elementos de Laurel Canyon.
LBM- Para nosotros conectar sonidos con momentos es bastante fácil, ¿te ocurre con las imágenes que se han formado a raíz de crear estas canciones? ¿Como si fueran Polaroids?
Luis– Absolutamente. Me quedo con muchísimas postales de los días pasados en la Tramuntana. Cuando me fui a la casa, solo llevaba los títulos de las canciones. Es curioso, porque hay una canción que se llama “Always There, Karma” que la compuse al salir del confinamiento en el estudio de Toni Noguera. Entré en el estudio diciendo “voy a hacer un disco de rock para que en cuanto podamos tocar, que será ya, nos vamos a ir los cuatro de gira y el disco va a estar lleno de hits…”, no podía estar más alejado de la realidad y de lo que quería hacer. En el estudio arranqué las canciones y ésta estaba entre ellas, pero Toni no la acababa de ver para ese disco. Cuando todo cambió y estaba en la casa componiendo recordé esa canción y llamé a Toni, la escuchamos juntos y la recuperé para Evergreen Oak.
LBM- Has estado en contacto directo con el público que te sigue (entre ellos, nosotros) durante todo el proceso de creación y has ido enseñando las cosas que ibas haciendo, la música que escuchabas o lo que comíais… ¿necesitabas que todos nosotros formásemos parte de este disco, que fuera nuestro antes incluso de que saliera?
Luis– Sí, el hecho de compartir estaba muy presente. Durante el confinamiento hice los conciertos de Face to Face y me encantó hablar con la gente. No podía parar. Me quise llevar eso al proceso de grabación. Ha sido muy bonito romper el blindaje que tenía hasta la fecha.
LBM- Desde nuestro punto de vista la influencia de la recomendación es muy importante y aporta algo bonito a otros.
Luis– Permitir que la gente te diga es algo que solemos coartar. La realidad es que aunque estamos en las antípodas de lo que podrían ser las redes sociales, es un buen ejercicio permitir que la gente te diga. El target de seguidores de L.A, podemos decir que somos gente cabal (risas) y tiene mucho que aportar. Yo he llegado a detestar lo víctima que he sido por obligación de las redes. Gracias a mi mujer he descubierto lo que tiene que aportar. Nosotros venimos de una escuela diferente a las generaciones actuales y he descubierto las cosas bonitas de las redes a mis 42 años.
LBM- Con respecto a esto recordamos un momento que nos pareció gracioso en el que tu mujer, Patricia, decía que nadie se quejara si se compraba un vinilo en el que se escuchaban niños corriendo o gritando de fondo… ¿Te han asaltado las dudas en algún momento de este proceso creativo que es muy diferente a lo que has hecho hasta ahora?
Luis– (Risas) Eso me pasó justo antes de ir a la casa. La semana anterior le dije a mi mujer, no sé si esto va a ser la hostia más grande de mi vida. ¿¡La vuelta de L.A, la salida del Titanic desde Londres, o qué!? (risas) no sabía que iba a pensar la gente. Mi mujer, que es muy sabia, me dijo “¿Qué es para ti la gente?” y lo vi claro. Nos creemos que los followers de Instagram son “la gente” y no. Todo mi entorno estaba emocionado por mi proyecto y el proceso me calmó todas las dudas. El historial de arte de la Tramuntana me daba el respaldo antes de irme y cuando llevaba una semana estaba completamente reafirmado. Al mezclar Toni me miraba como diciendo “loco, aquí hay gritos”, y yo lo veía tan normal. Lo antinatural habría sido “mutear” a mis hijos.
LBM- Este año se han presentado muchas canciones con colaboraciones y la tuya ha sido probablemente la más especial, ¿qué tal sacar una canción con Patricia?
Luis– Ella ya colaboró en Heavenly Hell, pero fue muy diferente, porque empezábamos a salir. En este disco, grabado en una casa y encima en una casa sin puertas, ya les anticipé que si les apetecía podían participar. Una noche, cuando los niños estaban dormidos, estábamos tomando una copa de vino bajo las estrellas y le toqué la primera estrofa de Judy, justo me dijo, quiero cantar esta canción. Además es que en su familia hay un personaje muy Judy, que es su iaia y lo sentía de verdad. Cuando lo vio como una realidad, se echó un poco para atrás, pero una noche mientras yo grababa y ella estaba haciendo la cena con los niños vino al estudio y me dijo, sal de aquí y ella sola lo grabó. Tengo vídeos de ese momento que nunca me dejó subir (risas). Lo más increíble es que su voz no lleva ni un retoque.
LBM- Si Evergreen Oak fuera una receta vegana, ¿con que plato sería equiparable?
Luis- Tendrías que hablar con Patricia (risas). La verdad es que con muchos, pero seguro que sería con alguno de los platos que hemos comido allí. Teníamos el mercado de Alaró muy cerca y había puestos de payeses los sábados, íbamos a comprar, poníamos el fuego fuera y cocinábamos cosas frescas de las que tengo los sabores ahora mismo. Farm to table.
LBM- Hay mucha polémica, sobre todo por parte de los melómanos, sobre como las plataformas digitales han cambiado la forma de escuchar discos, nos gustaría que tú nos recomendases como escuchar este E.O. para disfrutarlo a tope.
Luis– Este disco lo he grabado con un laptop con emuladores digitales y por lo tanto no me puedo poner demasiado exquisito con eso. Sí que es cierto que los sonidos, aunque digitales, proceden de grabaciones reales de Abbey Road. Así que donde quieras y como quieras. A mí me gusta escucharlo viendo verde y creo que la perspectiva casa si lo escuchas ahí.
LBM- Del 1 al 10 ¿cuantos nervios tenéis de reencontraros con el público de Madrid después del “aperitivo” en casa?
Luis– Pues estoy nervioso, pero ansioso a la vez. Es como cuando eres pequeño y celebras tu cumpleaños en casa, quieres ver a tus amigos del cole fuera de la clase y disfrutarlo.