
Retumbaba de nuevo la Velvet en nuestro pecho, y parecía una eternidad el tiempo que había pasado desde la última vez. Con una sonrisa en el semblante y un paso firme y decido salían al escenario en el habitual orden que han tenido toda la gira, encabezados por Juan Aguirre, que por estandarte siempre luce su guitarra.
Lentejuelas brillaban sobre Eva, a juego con la sonrisa que lucía, y con los ojos de todos los que los observábamos a sus pies, hipnotizados, dejando que el pistoletazo de salida a este nuevo concierto estallara sobre nuestras cabezas.
Amaral volvían al escenario para decir de nuevo adiós Hacia lo Salvaje.
Si has vivido un directo de Amaral, sabrás que son un grupo que se nutre de su energía sobre las tablas, aman la música por encima de todo y así lo transmiten, eliminan las barreras que imponen las etiquetas, esas que en los últimos tiempos se le pone a la música. Sentencian a base de acordes que han venido para quedarse, que su hueco está más que hecho, y que solo mutan a base de madurez.
Todas las emociones dormidas en los integrantes de la banda, despertaban, y emitían sus notas en perfecta sintonía, mientras la Front Woman danzaba como si estuviera en un trance que la dotaba de una habilidad de heroína. Más salvaje, más reivindicativa, más llena de garra que nunca cantaba para 25.000 personas que no podían retirar los ojos del escenario.
Aquellas canciones que se han tocado en todos los conciertos de la gira sin excepción, tomaban un nuevo cariz, sonidos diferentes inundaban los temas dando ese cambio que tanto se pedía desde las primeras filas, y como bonito regalo, ponían en nuestros oídos una gran enseñanza de vida que han transformado en un tema nuevo. Unas Veces Se Gana y Otras Se Pierde, bien lo saben quienes han resurgido de sus cenizas en alguna ocasión. Silencio absoluto, atentos y sin pestañear, miradas cómplices entre los asistentes, buscando la sensación que nos ha hecho sentirnos así, y empatizando con la letra, dejando que la mandolina flotara por el aire llevándose nuestras desdichas. El aprendizaje es lo que queda.
La Montaña Rusa a la que nos subimos cada concierto de Amaral tenía en esta ocasión un viaje más corto de lo normal, y el tiempo se escapaba entre los dedos. No había opción a bises, el repertorio justo para saborear de nuevo esa sensación entre los labios, esa euforia que recorre nuestro cuerpo y eriza la piel.
Un abrazo de amistad ponía el punto final al tiempo de Chris Taylor como bajista de la banda. Con semblante tranquilo, el británico despedía este concierto como cualquier otro. Desde Aguirre hasta Soriano reverenciaban a los asistentes al Dcode, sin darse cuenta de que los que nos inclinábamos ante su trabajo éramos nosotros, y sin excepción.
Un vez más, Amaral nos emocionaba.
DEDICADO A CHRIS TAYLOR Y SU PASO POR LA BANDA, COMO BAJISTA DE AMARAL. “CIAO MR TAYLOR, SIEMPRE RECORDAREMOS ESE CHRIS TAYLOR STYLE”.
Autor: Shara Sánchez