
Hablar de The Magic Whip de Blur demanda un gran ejercicio de memoria. Sé que puede sonar anticuado o no muy a la moda pero es una verdad como un templo. La Carrera inmensa de la banda se remonta al principio de los años 90. Poco cabe decir de lo que fueron, representaron y lo mucho que dejaron como legado en la historia de la música. El mal llamado brit pop es quizás una de las corrientes más fructíferas de la historia y hemos de reconocer que el poso que dejaron esta serie inabarcable de bandas es más que evidente en grupos actuales, esos que son bandas punteras del ahora o los muchos hypes que vienen y van. Todos, absolutamente todos, deben rendir pleitesía a Blur.
La historia de este nuevo álbum empieza en una de las rupturas menos acertadas: Graham dejó la banda en su “tanque de ideas” y su llama se extinguió, mejor dicho, quedó durmiente sin muchas ganas ni vías de revivir. El caso es que el buen criterio de los 4 “parklives” permitió la reunión a plazos, engordando a base de directos y rumores unos últimos años que todos esperábamos que culminasen en material nuevo. El año pasado soltaron dos bocanadas en forma de nuevos singles y las apuestas se dispararon.
¿Qué es The Magic Whip? Pues exactamente lo que Blur quieren que sea, y esto, aunque sea de perogrullo, es cierto y más cierto con cada escucha que hacemos. Hecho en Hong Kong, medio a escondidas, de forma discontinua en el tiempo, con un poco de uno, con un poco de otro, este viaje emocional reflota todas las ilusiones de una gran parte de los seguidores clásicos y capta con una «peste» contemporánea atrayente y cautivadora a partes iguales, a todas esas nuevas orejas que solo sabían de Blur en la muy lejana distancia.
Este látigo mágico mezcla, sin pudor y con toda la gracia, las diferentes corrientes «blurianas» y plasma con claras referencias las constantes vitales de los dos cabezas visibles de la banda: Graham y Damon.
El cantante, multifacético e imparable creador, se ha asegurado de coser unas letras que beben de la soledad de sentirse perdido, de ser un neón más, parpadeante en un universo donde todo es tan sintético e insulso que es imposible encontrarse fácilmente. Con sus típicas letras encriptadas, Damon habla de corazones rotos, sueños irrepetibles, calles demasiado largas, emisiones interrumpidas y alguna que otra salida que pinta muy vivazmente.
Musicalmente Graham ha sido capaz de organizar todas esas piezas inconexas de una grabación que en principio era un sí pero no, un vamos pero no sabemos donde ni como. Ricamente elaborados y adornados, las guitarras afiladas comparten presencia con teclados y ambientes acolchados que envuelven esta visión hongkong-niana del disco.
A destacar: por supuesto como un buen LP que es, hay ciertas canciones que desuntan un poco más que las otras, bien por su inmediatez contagiosa y más brillante: Lonesome St, Go out, Ong Ong; bien por su querencia a la épica bonita y delicada que hace que nos imaginemos caminando por esos rincones oscuros de un alma perdida: My Terracotta Heart, New World Towers y Ghost Ship.
En todas las canciones que podemos escuchar de este magic whip, la idea subterránea, latente en todos ellos es que suenan a Blur. Su sello, ese que te dijimos al principio del texto, es ineludible, está en su ADN, en su forma de hacer las cosas, en su intención y atención, como un animal predestinado a ser lo que es, en el tiempo, sea cual sea el camino a recorrer.
Y si no tenéis a nadie en el que confiar, Blur os cogerán en brazos y os permitirán soñar de nuevo, es hora de superarlo… es hora de vivir de nuevo.
Autor; Toe