
Que esto no se para ha sido para Delafé algo más que un lema o un título para su recopilatorio. “Esto no se para” es, y siempre será, un himno que sonará fuerte y con garra sobre los escenarios. Con este nuevo disco, que contiene lo mejor de diez años de carrera, Delafé volvían a la capital justo un año después de su visita a la madrileña Penélope.
En medio de una nube de talco Óscar y Helena nos deslumbraban. Lentejuelas y los primeros pasos de una noche en la que el baile, las cosquillas en las rodillas, y la alegría de la primavera nos envolvería hasta los límites. No eran las cinco de la tarde, pero si era la hora de Julio, pues Óscar le dedicaba las más bellas palabras a toda una institución de las ondas; el concierto era para él. Afortunados todos los que sabemos apreciar los discos que nos gustan, y hacerlos grandes, porque nos apropiamos de su regalo conciertil.
Con el único afán de hacernos disfrutar de su música, y que bailásemos hasta límites insospechados, Helena de Miquel desplegaba la dulzura que esconde en su voz. El talco llegaba a los rincones más lejanos del escenario, esparcido por las blancas Converse de Óscar entre bailes imposibles y movimientos detenidos. El particular estilo de Delafé y las Flores Azules, sentenciaba que ninguno de los allí presentes iba por casualidad. Ninguno podía dejar de bailar, y menos si nos lo pedían incluso con una simple mirada.
Lo que Delafé esconden en su mágica maleta de los conciertos, es un abanico de sonidos cuidados hasta los límites, una rotación de papeles, un nada establecido pero sin dejar nada al azar, miles de momentos transformados en letras susurradas, no cantadas, cantadas no susurradas. Todo aquello con lo que cualquiera de nosotros podríamos identificarnos en un suspiro. Por lo tanto, el triunfo de Delafé es simplemente una cuestión de dejarse llevar con las pedaladas más suaves.
Y así era en Madrid, dábamos gas, frenábamos y volvíamos a arrancar sin mirar atrás, a sabiendas de que cuando terminase solo nos quedaría el saber que habíamos cantado todo lo posible, y bailado, tal como está estipulado en el código oculto entre melodías y letras imposibles de recordar. Mirando para delante y sin arrepentirnos.
Así comprendíamos que sí, lo más hermoso que puedes atesorar es esa música que hace cosquillas en las rodillas, porque te transmite un gran sentimiento de felicidad y buen rollo que seguramente te dure días después del concierto. Eso es lo que Delafé y las Flores Azules hacen, expandir su formación propasional como el polen de la primavera.
Por cierto, no olvides que si alguien estornuda, debes decirle: ¡Delafé!
Autor; Shara Sánchez