
Con este especial queremos hacer una gira por nuestras salas favoritas de la capital aragonesa, un homenaje a esos lugares que hacen posible que la música en directo siga viva y tenga la fuerza necesaria para animarnos a seguir a quienes escribimos sobre ella. Gracias a todos aquellos que han hecho un hueco para nuestra Butaca y nos han enseñado que la música es la emoción perfecta.
Así que aquí va nuestro top 10 de salas zaragozanas, nuestros lugares favoritos para mezclar rock con ron, esos garitos que hacen que la música sea solo un ingrediente más para crear el cóctel perfecto.
Para empezar, en décimo lugar, no podía faltar La casa del Loco: un clásico de la noche zaragozana donde el rock y los no cuerdos se dan cita desde hace muchos años. Su posición privilegiada en el corazón de la ciudad la convierte en el lugar perfecto para terminar cualquier velada. Y toda banda nacional que se precie hará un alto en este garito para regalarnos uno de esos conciertos que deja huella tanto en el público como en los artistas.
En noveno lugar, estaría La lata de Bombillas, esa atmosfera donde brillar en sintonía de grandes músicos y disfrutar de los mejores DJs. El ambiente familiar, la cercanía del escenario con el público y las miles de bombillas que cuelgan del techo y te hacen pasar las horas hipnotizada contemplando su resplandor, hacen de esta sala el mejor lugar para pasar noches de diversión enlatada.
El octavo puesto lo ocupa la mítica sala Oasis. Artistas internacionales, estrellas de la tierra y futuras promesas se dan cita en este pintoresco club teatro con aires de cabaret. Si no has estado en la Oasis es que no has vivido la noche zaragozana. Si hasta Paris Hilton se pasó una noche a hacer de DJ es que este lugar tiene algo fuera de lo común, algo que hace que baste ir una vez para llevarte un recuerdo imborrable y la promesa de volver.
Para el número siete hemos elegido un lugar fuera de lo común: el Anfiteatro de la Expo. Se encuentra en el recinto de la Expo y solo en verano podrás disfrutar de los conciertos y festivales que aquí se dan cita, pero merecerá la pena. Las torres del Pilar como fondo, el murmullo del Ebro que le guarda las espaldas y las caricias del cierzo harán de cada evento una experiencia única. Y lo mejor es que durante unas semanas tendrás de recuerdo las inevitables picaduras de los mosquitos que caten tu sangre (los recintos al aire libre también tienen su pegas).
Si algún día queréis encontrarnos, podéis buscarnos en el sexto lugar: La Campana de los Perdidos. El aforo reducido y el encanto del ambiente medieval hacen de esta una de las salas más acogedoras para disfrutar de un concierto. Además también el teatro y la poesía se pasean por esta casa y todo en un ambiente familiar difícilmente igualable. Así que si algún día os sentís perdidos, acudid al tañido de la campana.
En la mitad de la lista, El Teatro del Mercado custodiado por las musas de las artes que inspiran a todo aquel que pisa su escenario. Da igual si acudes a un concierto o a una representación, la elegancia y la solemnidad del teatro quedan patentes desde que contemplas su imponente fachada. Muchos de los grandes artistas de España comenzaron aquí sus andanzas y el teatro no ha dejado de crecer y de hacernos crecer.
En cuarto lugar, uno de nuestros favoritos sin duda para sentir el rock&roll: La Ley Seca. Con mucha diferencia, nuestra sala favorita en cuanto a ambientación se refiere, hasta los WCs son de revista de decoración. Eso sin mencionar al amable camarero que te da recomendaciones como lo bien que sienta el vodka con zumo de naranja para desayunar. Hace mucho que perdimos la cuenta de cuantos grandes conciertos hemos visto, oído, vivido y sentido entre estas rockeras paredes.
La medalla de bronce se la lleva el Teatro de las Esquinas, a cuyo primer cumpleaños asistimos hace poco. Nos costó un poco acercarnos a conocerlo, pero Carmen Lanuit fue el reclamo perfecto (tres noches que consiguieron que no nos moviésemos de nuestra butaca) y supuso un antes y un después en nuestra forma de ver la música y el teatro. Además, cuenta con la Sala Cero y el restaurante Farándula; disfrutad de la actuación, sí, pero dejad una esquinita para el postre. Ya sabéis: panza llena, corazón contento.
En segundo lugar, El poeta Eléctrico nos robó el alma hace mucho tiempo. Su decoración psicodélica, su inigualable localización y el fiero pero paciente Leopoldo en cuyos lomos todos nos hemos hecho alguna foto salvaje, hacen que El Poeta sea la mejor opción para hacer que cualquier velada sea especial, haya concierto o no lo haya. Además, no nos engañemos: un gintonic con amor te hace ver la vida de otro color.
Y por fin, si tuviésemos que elegir nuestro lugar favorito para asistir a una actuación sería sin duda el Teatro Principal. Sus butacas de terciopelo rojo, su imponente ambiente señorial, la elegancia que se filtra por cada rincón, hacen que cada vez que vayas no sea un evento más, sino una inyección de energía y delicadeza directamente en vena. Me aventuraré a decir que los mejores conciertos que he visto han tenido lugar tras el telón de este teatro. Aquí el arte te conmueve de forma especial y si prestas atención, te mostrará que la magia existe y es inmortal. Pero ten cuidado, porque si esa magia echa raíces en tu corazón, pasarás a formar parte del sortilegio y ningún concierto volverá a ser lo mismo, y os lo digo yo, que vivo obsesionada con ir más allá para alcanzar la emoción perfecta.
Texto y Fotos: Marta Asensio