
Con esa dulzura que ya es un rasgo característico en ella, Helena Goch, nos trajo su Rama Dorada hasta la Sala El Sol para que pudiéramos descubrir de cerca la maravillosa capacidad de brotar que contiene. Enmarcaba en medio de una decoración capaz de transportarnos a su mágico mundo de hadas, el torbellino de sentimientos que provoca el estreno de un nuevo trabajo. Este segundo disco de la valenciana, afianza sus pasos sobre el escenario y muestra el fruto de un trabajo constante visible en las primeras escuchas.
Acompañada por Raquel y Sara, su banda, ocupaba con su sonrisa todo el escenario. Fender azul al hombro como arma definitiva y haciendo alarde de su particular voz, nos miraba directo a los ojos. Nosotros, esclavos de su sinceridad, no podíamos más que rendirnos ante sus ganas de comerse el mundo. Una a una destapaba con toda su inocencia las preciosas sorpresas que tenía preparadas. La fórmula perfecta, que consistía en mezclar todos estos efectos especiales con su música y anécdotas, conseguía que dejásemos volar por el aire nuestro amor incondicional por ella mientras El Sol se llenaba de globos.
Por supuesto, Julio de la Rosa fue uno de sus invitados sobre el escenario y entre el talento de ambos bordaron la canción que comparten en el disco. Salvados todos, entre la dulce Helena y los dos grandes Julios, Córtazar y De la Rosa, la recta final del concierto nos llevó a cantar, a bailar y a admirarla mucho más.
El fin de fiesta, con Julio a los cubiertos de madera y Nieves Lázaro a los bailes, se cubrió de confeti. Corazones y estrellas volaron en una noche grande, donde poco importó que muchos hubiesen huido de la capital por el puente.
Bravo Helena, ahora tú. Valiente mujer.
Autor; Shara Sánchez.
Fotos: Toe