
Sábado de puente en la capital, coincidiendo con el SOS, y los que nos quedábamos aquí, lo hacíamos con una razón de peso: Kenedy había anunciado su concierto en Costello para ese día.
La primera sensación que tuvimos con este grupo fue escuchar de fondo una canción que nos emocionó. Sin saber ni cómo ni por qué los de Sevilla se hacen imprescindibles a la primera escucha, y lo más importante, te dejan con la sensación de estar escuchando a una formación de la cual perfectamente podrías haber comprado el Ep en una tienda londinense. Musicalmente hablando tienen recursos, hacen las cosas muy bien, y sí, cantan en inglés.
Comenzaban puntuales, y tímidamente los focos de Costello iluminaban a un grupo que salía del camerino con seriedad, apoyado por la contundencia del 7º de Caballería.
Poco a poco se descongelaba el ambiente, mientras ellos presentaban temas nuevos que esperamos que vean la luz pronto, y nosotros nos quedábamos rendidos a los pies con temas que son ya un clásico. Iñigo, el vocalista del grupo, iba cogiendo confianza, dedicando temas y contándonos que se sentía en familia.
Kenedy son pura garra, pura energía y tienen un directo que te deja las manos rojas de aplaudir. Ellos lo dan todo y hacen que tú quieras devolverles más. El más que evidente disfrute de estos chicos en el escenario se repercute en su música. Aún con algún problema con la inmensa y cargada pedalera de Miguel su guitarrista, seguían el espectáculo viniéndose arriba en cada tema.
Había hueco en la noche para cantar aquello que está escrito en nuestro corazón, para hacer de cada final un principio tocando el cielo con las manos, y sobre todo para coger la oportunidad que nos brindaban de disfrutar como si el mañana no importase. Los que nos quedábamos habíamos sido los ganadores de la noche.
La sensación que llevas impresa en el alma cuando sales de un concierto de Kenedy es que, a pesar de haber estado en una Sala podías haber estado escuchando a un grupo en el Wembley Stadium, pues no se es más poderoso por el número de asistentes a tus recitales, sino por la energía y la garra que les pongas. Y en eso, Kenedy van sobrados.