
Con un secreto atesorado bajo el brazo entrábamos el pasado miércoles en el Teatro Lara. Pisábamos despacio, sigilosos, pues el lugar requiere que se camine con majestuosidad sobre su alfombra roja. Tomábamos asiento y en pocos minutos volvíamos a mirar de frente a una banda que hace ya tiempo se quedó con toda nuestra admiración y respeto. El teatro repleto hasta la última planta. Muchas ganas de escucharles y muchas ganas de hacerse escuchar se podían sentir en la respiración contenida de los presentes.
La luz se proyectaba sobre el escenario y la banda mallorquina, con Luis a la cabeza, se colocaba en sus puestos. Parecía que a pesar del tiempo que había pasado desde el último directo las funciones estaban claras, los lugares de cada uno determinados y los nuevos pasos a seguir bien definidos. Desde los primeros minutos el sonido se quedaba por debajo de las expectativas y es que no se puede tener todo; la belleza de un lugar así requiere que los decibelios dejen paso a lo minimalista y pausado. Como bien saben aquellos que conocen a L.A. no es el estilo que les define, pues ellos mismos han sentenciado de manera contundente que el rock es lo que les da forma. Durante el tiempo que tenían sobre el escenario en varias ocasiones Luis dejó claro que no podrían tocar más alto.
Las canciones nuevas se atrevían a salir a lucirse y querían sentirse bonitas y mimadas como las antiguas. Los pasos que Luis ha dado para traer de Estados Unidos estos nuevos temas perfilan un sonido mucho más internacional que ahora tiene que adaptarse a la banda, pues en el esperado Secrets Undone ha sido grabado íntegramente por él. Todavía queda camino por recorrer antes de tener en nuestras manos el nuevo trabajo, y este bocado prenavideño nos sabía a gloria.
En medio de un concierto donde parecía premiar lo inusual, lo delicado. Luis cogía su guitarra y sorteando uno de los monitores se sentaba en la escalera que conducía al patio de butacas, con un foco iluminándole, y sin más armas que su talento, guitarra y voz nos cantaba despacio. El teatro entero, inmóvil, comprendía la magia del lugar.
Con todas sus cartas boca arriba perfilaban lo que sería el final de la noche. Poco quedaba por decir, aunque después de ver el Set supimos que algo si quedaba por cantar, pues los relojes detenidos estaban sobre el papel pero no estuvieron sobre el escenario. Con sinceridad Luis se dejaba llevar y ponía la nota alta, dejando su guitarra sobre el ampli y saliendo del escenario con las manos en la espalda como si el sonido distorsionado fuese a llevarle a prisión.
Se terminaba una nueva noche de L.A. Atrás quedan ya las dualidades, es momento de perfilar lo que uno es y ellos caminan hacia su tercer disco con pasos muy firmes y decididos.
Autor; Shara Sánchez
Fotos; Toe