
El viernes había llegado la hora para que Los Años Muertos cerrasen etapa y diesen paso a un nuevo camino que, seguro, traerá aires de renovación para la banda. Estos años que hemos conocido a la perfección y hemos sabido recitar, se nos desvanecían entre los dedos, como si de pequeños trocitos de papel brillante se tratase. Se terminaba otra gira de Maryland, pero sin pena, pues es un placer enorme haberla vivido. Es increíble lo que hace sentir el haber llenado páginas hablando de sus canciones, de esas declaraciones de intenciones que llegaron directas a mí prácticamente desde el estudio.
Para comenzar, Nocturnos daban forma a la sala. Colocaban uno a uno sus mejores temas en formación cerrada, para que no calase nada negativo en ellos y, con una tímida sonrisa, nos instaban a cantar bien fuerte. Esa era la señal de inicio para que supiéramos que el viernes había llegado a su mejor momento.
Pero los protagonistas de la noche eran los gallegos. Maryland han acumulado muchos kms en el cuenta de la furgo y ya saben que, cuando la luz verde del escenario se enciende, cada instante obtiene el valor que tú quieras darle. Ellos, en este fin de gira decidieron llenar de sonrisas, de esperanza y de voces alzadas al unísono, las vidas de un montón de fans fieles. Hay que reconocer que entre otras virtudes, que entrelazan con su luminosa forma de hacer música, se encuentra el transformar cada momento un acontecimiento especial.
Todas esas letras de la vida real, en inglés y en castellano, volaban por la Moby Dick. Mientras en cohete y sin remedio explorábamos el mundo que han pintado con sus discos. Sinceramente, es fácil seguir el camino que ellos marcan; la M suele indicar donde debes dar el próximo paso. No tengo la certeza de que ocurrirá en los años que vengan tras los muertos, que han demostrado estar muy vivos, lo que sí tengo claro es que les agradezco haberme dejado formar parte de su revolución una noche más, incluido el mítico lanzamiento de confeti. Les tengo que agradecer que con cada concierto me colman de felicidad, de música enérgica y de guitarras aceleradas.
Maryland para mí, son ese par de zapatillas gastadas que siempre me pongo con todo. Cualquiera puede contemplar sus deportivas favoritas y saber de que hablo. Hay muchos que solo verán en ellos un par de zapatillas gastadas, pero sinceramente para mí, son las mejores, las más cómodas, las más bonitas, esas que nunca saldrán de mi armario. Ellos son mi par de Vans preferidas.
Autor; Shara Sánchez