
Cual torbellino aterrizaban Nikki Hill y su banda en la fría Segovia. Lo hacían precedidos por un rotundo Sold Out que sentenciaba que los habituales del Winter Indie City estaban ávidos de su música y lo cierto es que no era para menos, la ansiada espera que se había producido desde el anuncio del concierto tocaba ya a su fin y la americana, con ese aura de seducción de la que hace gala se contoneaba, coqueta, hasta su público. Pero no solo los abonados del WIC mostraban ese amor por el rock desmedido, muchos habitantes de localidades cercanas optaban por el ciclo segoviano para encontrarse con Nikki y a pesar de que el cartel rezaba entradas agotadas, se seguían acercando a las puertas de la Beat Club para ver si un golpe de suerte les proporcionaba un pase.
La noche arrancaba para los presentes en el momento en que The Niftys rasgaban puntuales la primera guitarra, de ahí en adelante las barreras se desintegraban y demostraban por méritos propios la razón por la que han acompañado a Nikki durante su gira en nuestro país. Con ellos quedaba claro que no existe una frontera musical entre Albacete y Carolina del Norte y con mucho descaro se atrevían hasta a hacer propia una versión de The Beatles. La voz de Ana se alzaba sobre el público y el calor iba en aumento, para muchos incluso se hacía corto el tiempo que les correspondía y a su término, alzaban las copas para brindar con sus nuevos fans.
Diosa es probablemente una de las palabras que más encaje a la hora de describir a Nikki Hill sobre un escenario. Ella, divina, planta su actitud frente a sus fieles y el resto de lo que ocurre es una catarsis colectiva en la que la energía se transforma en devoción y admiración. Eso fue lo que pasó el viernes en Segovia. Las casi 200 personas que llenaban la sala no se guardaron nada, compartieron con ella cada uno de los instantes de rock, bailes seductores y sonrisas. Tal fue el nivel de intensidad que la red eléctrica de la sala no aguantó y el escenario se quedó completamente a oscuras con los instrumentos enmudecidos. Pero eso no fue motivo para que nada se detuviera… por una vez los móviles servían de algo útil en los conciertos y haciendo de focos improvisados todos apuntaron directos a la protagonista de la noche, que en un baile frenético demostraba que nada le amilana. En unos minutos todo volvía a quedar restablecido y como decían los propios The Niftys, archivábamos la anécdota en el álbum de la memoria.
Tras una hora y media de auténtico frenesí, Nikki bajaba del escenario, sacaba un bolsito y ella misma se plantaba frente a una mesita en la que lo mismo te firmaba un disco que te daba besos o se hacía una foto contigo mientras a su alrededor el público gritaba “Nikki, Nikki”. En ese momento el WIC se iba de vacaciones por unos días, en enero vuelven a la carga con esta edición X y lo que está claro es que quieren que la recordemos para siempre.
Autor: Shara Sánchez
Fotos; Toe