
Lo sentimientos no entienden de matemáticas, por eso intentar explicar que un martes se transformó en un viernes es algo baldío y que probablemente esté fuera de lugar. Pero el caso es que el pasado martes, tomó todos los sentimientos de un viernes. Un viernes figurado, con la sala El Sol a reventar, con calma y tranquilidad, con los asistentes al concierto de Nutopia relajados y expectantes. Uno de esos días que reúne todas las condiciones para que la noche sea un triunfo.
Gente bonita sobre y bajo el escenario. Arte rodeándonos, ocupando cada rincón. Toda la belleza que seáis capaces de imaginar, es el equipaje que lleva consigo Vacaciones. Tal vez por el hecho de que sea un disco que se ha gestado con amor, con la tranquilidad y la exigencia de una banda que quería que el resultado final fuese más allá de lo que guarda entre el plástico y el papel que lo envuelve. Después de un bucle infinito de escuchas, paladeando cada una de las evidencias y secretos que contiene, el directo nos pillaba muy preparados. Aun así, ellos, los cuatro, consiguieron sorprendernos.
La sorpresa contenía la fuerza y la garra de un directo que mejora por completo la grabación original. La voz de Gelo cargada de matices, se recreaba con cada uno de ellos, como si quisiera que nos los aprendiésemos todos de memoria. Gestos, saltos y nervios, todos ellos en conjunto, vibrando por sus rastas infinitas. A izquierda y derecha de Gelo, respectivamente, Raúl Santos y Pablo Oliva, dos personalidades opuestas que logran en comunión dotar de su carácter a la banda. El toque de pasión y seriedad que guía el camino. Detrás, siempre guardando las espaldas de Gelo, Josechu Gómez, definitivamente el Sheriff de esta formación. Las canciones de Reflexiones se han vestido con sus trajes nuevos, ahora llevan ropa de Vacaciones. Las de Vacaciones pasean pizpiretas su gracia y lo que vendrá, como el trailer de una buena Película, nos reafirma que queremos más. Más sin remedio. Más sin control.
El final de la noche, no podía ser de otro modo; la apoteosis se adueñaba de todos los que allí nos habíamos instalado. Aunque podríamos habernos quedado a vivir dentro de El Sol, como ciudadanos de Nutopia, ondeado su bandera orgullosos, ellos nos obligaban a volver a la realidad. Puede que sepan mejor que nadie que tomando esta grandísima oportunidad de disfrutarles a pequeñas dosis, les querremos mucho más.
Autor; Shara Sánchez