
El boleto que daba acceso al Parque de Atracciones de Pasajero lo compramos hace ya mucho tiempo. Hemos contemplado encantados con ellos todas y cada una de las Radiografías que nos mostraban a un grupo de cuatro chicos con decisión, fuerza y garra, capaces de calar en lo más hondo. Desde esas primeras andanzas, se presentaban ante los que les querían escuchar como unos músicos dignos de ganarse corazones con letras difíciles. Pasajero, queriendo, o no, han proyectado un sentimiento en blanco y negro que solo ha sido capaz de atisbarse revelando el negativo de sus corazones.
Para nosotros, la presentación en la Joy Eslava, era una cita a la que acudíamos con ese gran sentimiento paternal que provoca haber visto un trabajo gestarse y crecer. Uno de esos días en los que mires donde mires, puedes ver caras amigas; caras que han estado a tu lado desde el momento en los que ellos daban los primeros pasos y otras que han llegado hace poco, pero todas igualmente asombradas por lo que han logrado con trabajo y buen hacer. Todos dispuestos a ahogarnos juntos, con ellos, de la mano.
El salto sin red estaba listo, el antiguo teatro abarrotado y todos atentos a su salida al escenario. Ellos de negro riguroso, tomando lugar en una nueva disposición sobre su espacio, hacían aparición. El paso a la otra liga ha tenido lugar de un disco a otro, no iban a dejar ninguna duda durante la noche. A pasos agigantados eliminaban los nervios, miraban a los ojos y sonreían. Podía palparse, con su actitud agradecida para con todos los que estábamos allí, el orgullo de haber congregado a todas esas personas con su música.
Durante la noche, muchos amigos les acompañaban también sobre el escenario. Pero realmente fue la aparición del primero de ellos el que hizo que la seguridad fuese un hecho. Con él se saltaron los límites y empezaron a disfrutar a lo grande. Manu Cabezalí, su productor, les dio alas para sobrevolar nuestras cabezas. Detrás de él, Victor Cabezuelo, volvía a hacer de La Copia de Otra Copia un tema cargado de guitarras directas a nuestros oídos. La noche estaba saliendo a pedir de boca, el reloj se había quedado olvidado, aunque pareciese que jugaba en nuestra contra, ellos habían sabido colocar todo en el momento perfecto para que durase. Devolvían favores mutantes, autoconversaban a solas, Dani nos dejaba la canción a medias para poder terminarla en lo más alto, bises, descansos, atracciones sensuales… el vértice de esta vorágine estaba en un punto indeterminado entre el escenario y nosotros. Para terminar de alejarnos del suelo, en el último paseo con nuestro boleto, invitaban a alguien que, según sus palabras, no necesitaba presentaciones; Pucho de Vetusta Morla. Borraban entre ambos nuestro nombre con ese grito desde las entrañas que pocos podían seguir.
Así, con todas las emociones del revés, sin faltar nadie, nos íbamos de la Joy, donde Pasajero ya ha puesto de manifiesto como se son las llaves de este Parque de Atracciones, solo aptas para Gente Subterranea.
Autor; Shara Sánchez