
Despertar cada día, dejando que la suave melodía de una canción te acaricie los oídos y haga que te pongas en marcha es la mejor manera de desperezarte sobre el colchón que te ha acurrucado durante la noche.
La mayoría de las veces no nos damos cuenta de que la música es algo imprescindible en nuestras vidas, y no valoramos todo lo que deberíamos hacerlo a aquellos que nos la regalan. Y digo regalan, porque ni con todo el oro del mundo podríamos pagarles canciones que nos describen, que nos acompañan, que nos secan las lágrimas. Vivimos en el bucle de una industria consumista que en este aspecto no podría ser menos. A diario veo como muchos se enamoran de productos inventados sin alma, dejando de lado lo que en un momento nos encantó, o ni siquiera prestando atención a otros que nos podrían enamorar porque no llevan el sello de los que nos venden su corazón a cambio de una escucha.
Sin embargo, un día empiezas a abrir los ojos, y con ellos las orejas a un mundo por descubrir. El mundo de los que luchan por estar en el lugar en el que creen que les corresponde estar. Aquellos que usan todas sus fuerzas en demostrar que son capaces de calar en lo más hondo simplemente desnudándose ante nosotros en forma de letras y melodía.
Un día te das cuenta de que ese ruido del que hablaban es algo diferente que no se pega con facilidad, que te cuenta una historia, es ocasiones más oscura de lo que te gustaría, y sobre todo, contiene eso que te hace pensar y da tanto miedo a la sociedad. Entonces te sientes diferente, tal vez de un color extraño, o marcado. Llevas ese ruido melódico allá donde vas y sintiendo lo que encierra te transformas en uno más de ese minúsculo montón de gente que no se conforma. Aguantas que los que no te entienden te pongan etiquetas, o te intenten clasificar, sin embargo, tú sabes la verdad. Ya nada volverá a ser igual. Ya nadie que no tenga alma podrá acariciar tus oídos. Se los reservas a unos pocos, aquellos que te miran, te observan y te comprenden, a aquellos que ya de niños amaban la música, y se han ganado por ello un hueco en el corazón.
Tú, inconformista sabes de lo que hablo. Sigue haciendo música, sigue apoyando a la música que nace desde lo más profundo de los seres porque solo entonces el mundo tendrá sentido.